Una maestra de un colegio de Fuensalida tuvo el martes una reacción providencial. A la hora del recreo, bajó de su clase con un alumno enfermo para que sus padres fueran a recogerlo. Entonces, al llegar al patio, la docente se encontró con un grupo de escolares alrededor de una niña de sexto de primaria, alumna de la profesora. La chica tenía las manos en el cuello y no podía respirar porque acababa de atragantarse con el trozo de un bocadillo.

La primera reacción de la maestra fue dar un golpe en la espalda de la niña para que expulsara el pedazo de pan que tenía atragantado. Como no lo consiguió, la docente recordó inmediatamente la maniobra de Heimlich, una compresión abdominal con la que logró que el trozo de alimento saliera del conducto respiratorio y la niña lo expulsara. Fue una reacción instintiva, luego la alumna bebió agua y se tranquilizó.

Era la primera vez que esta profesora ponía en práctica la maniobra de Heimlich, que aprendió de una manera autodidacta. Aun así, todo salió a la perfección gracias a su rápida intervención.

La docente, que quiere mantener su anonimato, no dio importancia a su acción y fue una compañera que vio su actuación la que se lo contó al resto del claustro al día siguiente. La profesora desconoce si los padres de la niña a la que socorrió sabrán que su tutora salvó a la alumna de una situación muy comprometida.