La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha confirmado la sentencia por la que se condenaba a la aseguradora del Ayuntamiento de la capital, Zurich, a abonar 710.000 euros a la familia de Carlos Álvarez García-Arcicollar, vecino de Fuensalida.

Este militar de 38 años falleció el 21 de junio de 2014 tras caerle una rama de 400 kilos en el Parque del Retiro, ante sus dos hijos, de apenas 1 y 4 años. Era sargento primero del Ejército de Tierra, había sido tres veces condecorado por sus misiones con los cascos azules de la ONU en Bosnia y Líbano.

La singularidad del fallo es que desestima el recurso de la compañía que pretendía que la indemnización se calculase según el baremo de accidentes de tráfico. La sentencia inicial, de 22 de diciembre de 2015, establecía el pago, «por daños y perjuicios», de 400.000 euros a la esposa; 150.000 a uno de los dos hijos; 120.000 al otro, y 20.000 a cada padre de la víctima mortal.

El Consistorio de Madrid, en un principio, se adhirió a la petición de que se valorara el monto según el baremo de accidentes de tráfico; sin embargo, tras un informe en sentido contrario del Consejo Consultivo de la Comunidad, se retiró de esa propuesta, y avaló el pago de los 710.000 euros. Pero Zurich siguió adelante, por su cuenta, con la postura inicial y recurrió en apelación.

La aseguradora se basaba en dos aspectos: que el Ayuntamiento concedió esos 710.000 euros, siendo superiores a los 620.000 reclamados; y que existía, según su criterio, una «falta de justificación de las indemnizaciones fijadas en la sentencia y había una desorbitada cuantificación de éstas».

El abogado de la familia, José Antonio Guzmán de Lázaro Mateos, experto en litigación civil-mercantil y en arbitraje, considera que, «fuera del ámbito circulatorio, los perjudicados deben ser íntegramente reparados con el principio de libre valoración judicial».

sentenciaAquella tarde de junio, Carlos Mariano Álvarez García-Arcicollar estaba sentado a la sombra, debajo de una falsa acacia centenaria —de entre 20 y 25 metros de alto y un metro de diámetro de tronco—, jugando con sus hijos. Hacía tiempo mientras su mujer visitaba a un familiar en un hospital de la capital. Este vecino de Fuensalida era Sargento primero del Ejército de Tierra, había estado en misiones internacionales en Líbano y en Bosnia por las que había sido condecorado en tres ocasiones.

El siniestro ocurrió a las cinco de la tarde, a la altura del número 13 de la calle de Menéndez Pelayo. De súbito, la gruesa rama se desplomó, alcanzándole de lleno en la pelvis y en el abdomen, lo que le causó gravísimos traumatismos y una hemorragia interna. Fuensalida salió a la calle a despedirse de un hombre aficionado a las carreras. La gente se asomó a aplaudir a los balcones y las ventanas al paso de la comitiva fúnebre. Hubo toque de cornetas, salves, bandera, una formación de decenas de hombres uniformados —altos mandos y soldados rasos— que atravesaron el camposanto de Fuensalida.